Todos aquellos que un día decidimos hacer empresa, teníamos como fin último mejorar nuestra vida y la de otros, a través de productos y servicios, generación de empleo y la consolidación de una organización, región o país.
La pregunta un tiempo después, consiste en saber si ese deseo de mejorar nuestra vida o en otras palabras, nuestra calidad de vivir, lo conseguimos, algunos cambiamos las prioridades y resultamos con más empresa que vida. ¿Cómo le ha ido a usted?
Entendemos que la vida es el bien máximo y que todo lo demás debería subordinarse a ella, pero nos hemos comprado paquetes de placer y pequeñas dádivas cortoplacistas, un estado de pérdidas y ganancias, una nueva planta, un nuevo mercado, entre otros; disminuyendo, en muchos casos, nuestro interés por lograr mejores formas de vida, lucha denodada por perseguir la felicidad, a costa de mínimas y reducidas alegrías.
No confundamos una parte, con la suma de esas partes, cuando hablamos de sumatoria, entendemos la felicidad como el bien último del ser humano, el cual es alcanzado a través de la práctica de las virtudes que poseemos y que se reflejan en nuestra actitud y comportamiento frente a todos los momentos y ámbitos de nuestra vida.
Los empresarios debemos hacer una parada en el camino y revisar el recorrido, volver a nuestro sueño inicial y haciendo alusión a una virtud: "la verdad", auto-confesarnos. ¿Qué ha pasado en el transcurso del tiempo? Hoy tenemos más amigos, familia, salud, alegría que ayer o el tiempo se ha encargado de irnos quitando poco a poco esos momentos de felicidad y nos paga con unos cuantos dólares de más. Y lo más crítico, que en algunas situaciones, se ha perdido la vida, la familia, los amigos y ni siguiera existen los dólares de más.
En este análisis nos ayuda acudir a la ética, ese conjunto de reglas y normas que hemos ido acumulando y nos llevan a tener un comportamiento frente a lo que definimos como bueno y malo, en la idea de encontrar nuestra perfección humana, en este caso como empresarios.
Cuando observamos las empresas que hoy sobresalen en el mercado mundial, encontramos ciertas características que unifican nuestra mirada y podemos expresar sin temor a equivocarnos, que están haciendo algo que no todos hacen. Crean costumbres, formas de convivencia, prácticas por encima de la media y ello les permite ser los primeros, destacar y conseguir mejores resultados.
Si tomamos algunas de las empresas, que en el mercado internacional ocupan los primeros lugares podríamos mencionar a: Coca Cola, alimentando una chispa de vida en cada estómago que consume su producto; Sony, con algo tan sencillo como convertir sus propios productos en historia, por la alta creación de nuevos y cada vez más necesarios bienes Sony; Microsoft, consiguiendo que cada día sea más difícil vivir sin ellos; Starbucks, cristalizando lo ordinario en extraordinario a través de un delantal verde; Fedex, cumpliendo lo que ofrece; Google, haciendo que quien accese a una pantalla de computador tenga que ver con ellos; Toyota, colocando en todos los caminos transitables o no, su producto, y así, entre otras.
¿Qué tienen esas compañías que vale la pena ser accionista, gerente, o colaborador de ellas? Sencillo, tienen, hacen y mejoran la vida de las personas que transitan por sus pasillos, plantas o escritorios. Han entendido que se debe trabajar duro, ser disciplinado, tener una visión para cumplir, pero su razón de ser está en la vida de todos y cada uno de los que hacen parte del éxito de esas empresas y de quienes compran o adquieren sus productos o servicios, integran en ese ejercicio a proveedores y a la comunidad en general, por eso hablan de responsabilidad social.
Han comprendido que la historia de los negocios cambió, ahora no se hace empresa con esfuerzos únicos, con genialidades de una sola persona, se consiguen resultados al integrar sueños de muchos, donde existen principios y valores diferentes que se conversan para llegar a acuerdos, luego se siguen, y el resto es y será más historia.
Hay felicidad en estas organizaciones, sí, y cómo palparla, fácil, en sus productos y servicios, se siente, muchas veces no podemos leer textualmente el sello que colocan estas empresas en lo que hacen, pero siempre se percibe, se transpira en cada uno de sus colaboradores, en estas franjas no hay diferenciación, el compromiso es de todos, ponen un sello de felicidad en sus productos y servicios, es un concepto que supera la calidad, pues está implícita.
Por ello, hablamos de la ética que hay en esas empresas, la que se observa en sus conductas, es una disciplina que se norma en la organización, por el deseo sentido de cada uno de sus integrantes, no de un jefe, un gerente, presidente o un código, es por el deseo de aplicar un valor de libertad, el cual lleva intrínseco la responsabilidad de hacer de ese lugar el mejor para vivir bien, y hacer que otros vivan igual o mejor como compañeros, usuarios, compradores, proveedores, vendedores, etc. Se trata de tener muchos momentos de tranquilidad, alegría, gusto, placer, que faciliten la felicidad.
En ese contexto los grandes temas que hoy interesan al empresario, como son: servicio al cliente, liderazgo, innovación, participación constructiva, trabajo en equipo, sostenibilidad, utilidad, etc., entran a formar parte de una cultura de largo plazo, de la cual es difícil desprenderse, pero más difícil abstraerse porque el grupo jala, crea y convence con actitudes y virtudes que se demuestran día con día, esas son las empresas de hoy, empresas que centran su ejercicio en lo básico, la vida y el deseo del ser humano de ser feliz.
Allí opera el mejor código de ética que conozco, el de la conducta individual no escrita, aplicada en cada acción, igual para todos, sin distingos, donde las personas con complejos de superioridad o inferioridad son extinguidos por el sistema, no se permiten capataces ni subordinados, se trabaja entre colegas y en esa medida, se nivela por lo alto, por que el grupo desea competir al más alto nivel.
Entendemos que la perfección y el compromiso del empresario, es primero con su vida, la de su familia, la del grupo de personas que trabajan con él, incluyendo los proveedores de servicios, consumidores de sus productos y servicios y la de la comunidad en general, el lugar o sitio que le permite hacer empresa, todo ello conforma su radio y marco de acción, no puede descuidar uno sólo de ellos.
Si volvemos a nuestras empresas famosas, observamos que todas, sin distinción, ayudan, sirven, cooperan con su gente y comunidades, y eso está bien, es meritorio y digno de aplaudir, pero no olvidemos que previo a ello, las empresas en todos los casos, entregaron altas utilidades, dieron resultados, no pretenda donar lo que no tiene. El empresario es empresario, por la misma razón, no por otra; en consecuencia, todo aquello que le permita mejorar su posición económica, debería ser un sistema de atracción y mirada obligatoria.
Trabajar con grupos en libertad, que se auto-gestionen, que no dependan de las órdenes de otros, que sean transparentes, que hagan las cosas que les gusta, que disfruten su quehacer diario, que apliquen pasión a lo que hacen, que ejerzan liderazgo desde la posición que ocupan, son las marcas de las empresas que establecen los nuevos hitos de los negocios.
Hoy muchas empresas sustentan su realidad en valores, pero debemos saber cuáles seleccionamos, porque algunos podrían estar alejándonos de la vida y en la muerte, parece ser que no tiene mucho uso. Todo lo que haga para hacerse feliz y hacer feliz a sus colaboradores, permitirá consolidar su idea primaria y estar en el pedestal de los grandes, pero con vida para poder disfrutar su creación.
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